Mostrando entradas con la etiqueta DIARIO DE MÉXICO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DIARIO DE MÉXICO. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Cuándo dejamos de asombranos por las cosas?

Han pasado los días, las semanas, los meses… Demasiados. Pero I AM BACK, he vuelto y lo hago cargadita de energías y de historias :-P

En estos meses han pasado muchas cosas y muy rápido. Me doy cuenta de lo rápido que pasa el tiempo en detalles como esta tontería…

En las típicas conversaciones con las “preguntas tipo” seguidas de “respuestas tipo” cuando acabas de conocer a alguien…, hasta hace no mucho, ante la pregunta ¿Cuánto tiempo llevas viviendo en México”, la respuesta automática era “como año y medio”. Y, pasado cierto punto temporal e imaginario (pero en el que curiosamente sin haberlo comentado antes, coincidimos Javi y yo) nuestra respuesta se ha tornado una parecida pero no igual… Ambos contestamos, pasando a un nuevo nivel en esa “respuesta tipo”, y sin ningún tipo de duda: CASI DOS AÑOS. 

Estuve un mes en un trabajo, por circunstancias -conoces a una persona, que te pasa un contacto de otra que conoce a una amiga, que recibe tu CV y es el momento preciso en que en su empresa están buscando a gente- terminé cambiando de empresa. Llevo casi cuatro meses y estoy contenta. Aprendiendo mucho, trabajando mucho. Sigo bastante perdida en esa nebulosa de entender y saber cuál es mi trabajo ideal (Espera… ¿pero eso existe?) y en ese mar de dudas profesionales-existenciales-inagotables… poco a poco, ciertas ideas van tomando forma. 


Entre tanto trabajo siempre hay tiempo para más…. Una cenita con amigas, una salida especial… y siempre, siempre tiene que quedar tiempo para una de mis actividades favoritas en el mundo... ¡VIAJAR! Me encanta vivir en el DF, salvo esos días que coincide que es viernes, quincena (aquí los salarios se pagan de manera quincenal, no mensual, y cuando la gente cobra, sale a las calles a gastárselo todo…. Es broma, no es así, pero en quincena la ciudad se vuelve –un poco más- loca de lo habitual) y llueve… Esos días quiero matar a alguien. Pero “El Defectuoso” como le llaman algunos, es una ciudad donde vale la pena vivir…. En ella encuentras una curiosa mezcla resultante de muy diversos elementos: Ciudad cosmopolita + Ritmo latino en sus calles y en su gente + Postureo y moderneo en grandes cantidades + Comida y fruta en cualquier esquina + Un nosequé.... que la hace increíble.

Aunque, de vez en cuando, es cierto que hace falta un respiro y una salidita de la urbe o del país, según se tercie. Mis últimos viajes destacados han sido visitas fugaces a la playa caribeña, el viaje mejor aprovechado de la historia a España para acudir a una cita muy especial que no me podía perder por nada del mundo… ;-)



Y, el último de todos, uno de los que teníamos en nuestra lista desde hace tiempo: Costa Rica. Agarramos las mochilas y nos escapamos al país en el que el saludo, agradecimiento, bienvenida, despedida y mood de sus habitantes, se resume en dos únicas palabras: ¡PURA VIDA!


Al volver de este viaje me puse a reflexionar en una cosa... Dos días antes de ir una amiga me comentó por whatsapp que si el fin de semana buscábamos un hueco para hablar por skype y yo le contesté que no podía... "...estaré en Costa Rica" y su reacción fue de cierta sorpresa... "¡Wow! ¿Sí? ¿Y eso? No nos habías contado! No sabía nada!" La verdad es que era un viaje que me hacía mucha ilusión, lo habíamos tenido en mente desde hace tiempo y ya hacía unos meses que teníamos los billetes comprados, pero no habíamos tenido casi tiempo de pensar en él ni de planearlo... 

Y me puse a pensar... Cuando te gusta mucho y tienes la suerte de poder viajar de manera habitual... cuando vives en un país que no es el tuyo y tus viajes de fin de semana y un "me voy a la playa" se convierte en "vuelo al Caribe" o tus salidas de puente son a países de Centroamérica y parece que se ha convertido en "algo normal" ¿significa eso que has dejado de ilusionarte o sorprenderte por los destinos o viajes elegidos? No creo que sea así y ojalá deseo que nunca llegue a serlo. Cuando dejamos de sorprendernos por las cosas...¿estamos perdidos? 

La gente me suele repetir que peco de ingenua o que muchas veces me creo todo y que todo me sorprende. Me gusta ser así... y creo que nunca tenemos que dejar de sorprendernos e ilusionarnos por las cosas, así como de sorprender a los que nos rodean. Pequeños detalles, pequeñas sorpresas... al final no recordamos los grandes gestos sino aquellas pequeñas diferencias que hacen de nuestro día algo especial... sea un deseado viaje, un helado inesperado en un congelador, una rosa o una sonrisa en cualquier esquina. 


“Mientras esperas lo que nunca llegará, llega a ti lo que menos esperabas” 


domingo, 11 de mayo de 2014

3, 2, 1.... ¡ACCIÓN!

Y van pasando los días y los meses y el tiempo no para, de hecho, cada vez va más deprisa. Es como una película de acción, en la que los actos se van sucediendo, mezclados, no uno tras otro… Todos ellos conforman una película cuyo escenario hoy día es México. Suceden paralelamente, unos se confunden con otros y no sabes si uno ya terminó y da paso al siguiente o simplemente se dio un descanso y tiene algo más preparado para ese largometraje. Aquí los relato uno a uno, para aportar algo de claridad, si es posible…

3, 2, 1… Me voy haciendo una experta en entrevistas y procesos de selección. Test psicométricos, entrevistas individuales, dinámicas grupales. Todo vale, nunca es suficiente. De todo se aprende. Y, aunque no consigas tu trabajo ideal, al menos vas sabiendo que trabajos NO te gustaría realizar o formar parte. La mente se va aclarando, pasito a pasito, cada vez un poco más…



3, 2, 1… Visito Chiapas en Semana Santa. Era uno de mis lugares pendientes en México. Aquí cambia todo mucho y nunca se sabe hasta cuándo vas a estar en un lugar o qué tiene el destino preparado para cada uno… así que era una de las cosas a tachar en mi lista “Things to do in Mexico”.  El más sureño y pobre de los estados mexicanos, Chiapas me muestra el lado más indígena del país, el más revolucionario y el más “auténtico”.


3, 2, 1… Me voy haciendo un poco más experta en grabar y montar vídeos. Comienza siendo una necesidad para preparar un regalo improvisado y se convierte en una nueva afición, una búsqueda de aprender más y así dar más uso a un regalo de mis últimas navidades en casa :). Todos tenemos nuestros móviles y ordenadores repletos de fotos… pero creo que por pereza, por tendencia a lo más rápido o por dejadez… no tendemos a grabar tantos vídeos. Una foto es el mejor vehículo hacia un recuerdo, evoca algo vivido y deja que tú lo rememores o revivas a tu antojo. Pero un vídeo es un “recuerdo vivo”, escuchas, ves una imagen en movimiento, revives un momento tal y como sucedió. Otra forma de verlo… otra forma de recordar…



3, 2, 1… ¡Va y resulta que encuentro un trabajo! Llevo ya dos semanas :). De repente, cuando crees todo perdido, en una de las entrevistas te dicen “Bienvenida al equipo, nos vemos el lunes”. Y en ese momento no sé si se trata de una broma pesada, si todos los astros se han alineado y mis días de suerte han comenzado o que todo esfuerzo tiene su recompensa ;)



3, 2, 1… ¡Tiembla el DF! Y no es que tiemble porque yo haya encontrado trabajo –aunque podría, después de los sudores y lágrimas que me ha costado- sino debido a su localización y ser una ciudad “construida sobre un antiguo lago”. En Semana Santa hubo uno de los más grandes desde que estoy aquí (7,2 en la Escala Ritcher), yo no lo sentí porque estaba fuera del DF. Pero el jueves pasado hubo uno que no dejó a nadie indiferente. Yo estaba en la oficina –un piso 12- en un primer momento sentí que me mareaba pero luego me di cuenta de que estaba temblando el edificio. Todo objeto colgado se tambaleaba de lado a lado y el edificio bailaba al son de los latidos de la tierra. Impresionante. No sabes muy bien qué hacer, bajar ¿12 pisos de escaleras?, subir a la azotea, quedarte paralizado y sólo esperar que pare… Realmente asusta. La noche del viernes también tuvimos otro de madrugada. Están siendo demasiado seguidos y bastante fuertes… da un poco de miedo porque se comienzan a escuchar teorías de todo tipo. Mejor no hacerles mucho caso y sólo rezar para que si viene uno de los gordos, no nos pille cerca.

Aquí os comparto un vídeo de una piscina olímpica del DF durante el sismo que tuvo lugar el pasado 18 de abril:



3, 2, 1… ¡La vida sin Smartphone existe! Sí, así es… lo he comprobado de manera forzada. El pasado fin de semana me robaron mi adorado celular. Sí, ese Samsung al que tanto cariño tenía, regalo de mi padre antes de venirme a México, “el móvil cuya cámara te hace guapa” ;) El mismo… Pero todo llega a su fin. Estoy en busca de un sustituto y, mientras tanto, haciendo una cura de desintoxicación de whatsapp y todas las bondades/peligros de los móviles inteligentes. Voy por la ciudad y ya no corro el peligro de tropezarme en las suicidas calles defeñas (sus aceras a veces parecen una carrera de obstáculos), con mi mirada fija en la pantalla. Quizás disfruto más de las cosas que veo, sin tratar de captarlas constantemente con la cámara del móvil y meterles unos cuantos filtros para subirlas a Facebook, Instagram… No voy a engañar a nadie ni a mí misma, ¡MUERO POR UN MÓVIL NUEVO! Pero hasta que llegue, intento sacar el mayor partido de esta novedosa y extraña situación.




“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo" 

(Mario Benedetti) 


jueves, 6 de febrero de 2014

Entrevistas y un ladrillo, una curiosa historia...


Casi un mes desde mi vuelta a México y mi vida es totalmente distinta a cuándo me fui. Algunas cosas siguen igual, lo cual me gusta y reconforta… pero otras han cambiado, entre ellas mi empleo. Ahora mismo, mi trabajo se ha convertido en “buscar trabajo”.

Es la primera vez que me he visto en esta situación: no hay trabajo al que ir, no hay clases a las que asistir… y el desconocido mundo de las entrevistas, currículum y más currículum por todos los sitios, los famosos “head hunters” –empresas especializadas en reclutamiento de personal-, los interminables procesos de selección… Todo ello aderezado con “un buen” (como dicen aquí) de nervios, incertidumbre e inseguridad a ratos… 



Entre tanto, toda actividad es poca. En momentos así, me doy cuenta de lo mucho que me cuesta pasar horas y horas sola y estar sin una actividad concreta. Al mismo tiempo, cuando quieres aprovechar para hacer muchas cosas, ese mismo pensamiento y vacilación constante -“¿Encontraré un trabajo?”- en ocasiones te frenan a la hora de hacer todo lo que podrías hacer…

No obstante, en estas casi cuatro semanas me ha dado tiempo a muchas cosas… Apuntarme a varios cursos que tenía en mente, pasear tranquilamente por la ciudad, recorrerme la Roma en bici, descubrir nuevos sitios y permitirme pequeños placeres culinarios, pasar más tiempo con mis amigas, ir al Cine Tonalá a ver una película a mitad de tarde (¿Quizás mi primera vez sola en un cine?), visitar algunos museos que todavía tenía pendientes, inaugurar nuestra magnífica terraza con amigos, asistir a la celebración de La Tamborrada en el Centro Vasco de México o pasar un magnífico puente muy bien rodeada en la playa Saladita. 


En estas semanas, con tanto tiempo libre y para mí, va y me da por pensar, pensar mucho. Pensar en muchas cosas, muchas opciones, muchas alternativas, en todo y en nada... A veces pensar mucho no es muy recomendable. Pero otras -de vez en cuando- no viene nada mal... 

Javi y yo nos hemos apuntado a un curso de oratoria. Es un día a la semana y en total son 12 sesiones. Llevamos tres por el momento y, en cada clase, todos y cada uno de nosotros subimos a la tribuna, sentimos como nuestra respiración se torna algo más rápida, agitada, los nervios se aceleran y tenemos que comenzar a hablar frente a nuestro público. Cada día se nos encarga una tarea, un tema sobre el que hablar. Somos muchos en clase y cada día la gente cuenta un pedacito de sus vidas, les escuchas y te paras a pensar, reflexionas cuán diferentes somos unos de otros y, a la vez, cuánto nos parecemos… seamos de España, México o la China… Ideas preconcebidas en tu cabeza se van desmoronando una tras otra. Todos tenemos inquietudes, preocupaciones y sueños parecidos. Cada uno el suyo propio, pero todos tenemos uno.

Y pensando en esto de pensar… Hace una semana tuve una prueba dentro de un proceso de selección para una empresa, a día de hoy, la opción de trabajo que más me atrae y donde creo que podría realmente aprender y crecer a nivel profesional. No tenía ni idea de en qué consistiría esa prueba, intenté ir lo más preparada posible, repasé apuntes de varias asignaturas de la carrera relacionadas, trabajos, documentación en Internet, me empapé a fondo de la actualidad mexicana… Y cuándo llego allí, me dejan en una salita con un portátil, en el que encuentro una serie de instrucciones para realizar tres ejercicios prácticos.

En dos horas se trataba de demostrar cuán ocurrente, imaginativo y resolutivo eres. O mejor dicho, eres capaz de ser. Siempre he pensado que con la presión, imaginación y creatividad pueden verse gravemente aminoradas, pero también puede suceder al contrario. Cuando no esperas algo y te sorprende, tú mismo puedes devolver la jugada con otra sorpresa. A ellos y a ti mismo.  

La tercera de las pruebas, decía así: “Al abrir la carpeta correspondiente, encontrarás una imagen. Con ella, crea una historia”. ¿Cuál era la imagen? Un ladrillo, nada más y nada menos. Comparto con vosotros mi pequeña ocurrencia, mis 15 últimos minutos del tiempo disponible y una buena dosis de nervios son los responsables: 

Toda historia tiene un comienzo

“¿Un ladrillo?”… pensarán… ¿Por qué un ladrillo? Sí, es nuestra imagen, nuestra insignia, la representación de nuestra empresa, de nuestro negocio. Y, no… no somos una empresa constructora, un estudio de arquitectura, ni una fábrica de ladrillos…

Ese ladrillo ha llegado ahí por una y por mil razones. Las mismas razones por las que una persona se lanza a comenzar una historia de amor, empieza a estudiar una carrera, se introduce en la aventura de comenzar un negocio, decide tener un hijo con su pareja o las mil y una decisiones que todos y cada uno de nosotros tomamos a lo largo de nuestra vida.

Un ladrillo simboliza todas ellas. ¿Por qué?  Porque para comenzar algo, siempre existe ese primer momento en el que se toma la decisión, en el que se está aterrado, se tiene miedo, se tienen dudas… Se tiene todo eso, pero a la vez se está decidido a intentarlo y a arriesgarse. Todos ponemos ese primer ladrillo en nuestras acciones. Y para ello, hace falta valor, apoyo y, en algunas ocasiones, un pequeño “empujón” económico.

Una vez se ha puesto “el primero”, el resto es mucho más fácil. Se aprende en el camino, se ejercita el ingenio y se asimilan los errores que serán nuestros mejores maestros. Pero lo importante es poner ese primer ladrillo. Después, el resto sucede…

Al tener que cumplimentar datos oficiales y especificar el giro de nuestro negocio, solemos poner “Asesoría e Inversión en nuevos negocios”, pero en el resto de situaciones –a nuestros potenciales clientes, familia y amigos- les decimos firmemente que somos: “fabricantes de primeros ladrillos”. 



"Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando." (Picasso)


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Un final que sabe a comienzo

Hoy, 18 de diciembre de 2013, me despido…

Es cierto que en unas horas estaré camino al aeropuerto y a punto de subir a un avión con el que llevo soñando mucho tiempo. Voy a España, pero sólo por unas semanas. Y vuelvo. Así que mi despedida no es de México, a quién de momento digo “hasta luego”.

Me despido de una etapa, de un ciclo de mi vida que ha supuesto muchas y variadas experiencias. Inesperadas, difíciles, deseadas, retadoras, felices, asombrosas. En estos tres años, ha habido de todo. Cuando escuche la palabra ICEX en el futuro... para mí significará muchas cosas, muchas palabras vendrán a mi mente en ese momento: becaria, máster, CECO, sufrimiento, exámenes, Jordania, desierto, Petra, Embajada, árabe, Ramadán, viajes, viajes, viajes, viajes, amigos, morriña, skype, risas, lloros, amigos, México, retos, aviones, tequila, viajes, amigos y -hasta hoy- la mejor época de mi vida. 

Mi etapa como becaria ICEX termina hoy. Y, como no podía ser de otro modo, con este post quiero hacer un breve recordatorio de todo lo que me han brindado estos tres años:

*Seis meses de estudio, lucha contra mí misma y contra un ranking en el que debía estar si quería seguir con mi aventura. La época del máster fue lo más duro que he hecho en mi vida y, al mismo tiempo, lo que más satisfacción y aventuras me ha aportado. Tras el duro estudio, siempre había tiempo para celebrar... de día... 


 .... o de noche... durante la dura y sufridora época de estudios... y las celebraciones posteriores, he hecho muy buenos amigos, amigos de verdad. 


Nos tocaría partir, cada uno a una punta del mundo, repartidos por todo el globo...       así que hicimos un último reencuentro en forma de viaje a Sagres (Portugal): 


*Aprender a aceptar lo que no esperas, asumir que tu lucha tiene una recompensa, pero no es tal cual la imaginaste. Recuerdo perfectamente el día… 21 de julio del 2011. Control+F (Buscar)… introduje mi DNI y antes de que hubiera llegado a los últimos dígitos, ya tenía un lugar, mi destino estaba escrito allí mismo. En ese pdf interminable en el que sólo había dos columnas: “DNI” y “DESTINO”, el mío tenía cinco letras A-M-M-A-N. Bloqueo inicial, ¿?, dudas, ¿dónde ---- está eso? Google, buscar, imágenes, mapa… miedo-miedo-miedo-miedo. Ese miedo se transformó en estrellas que todavía brillan en el cielo jordano y llegar a conocer una cultura y una religión que mucha gente teme y rehuye porque NO conoce…


*Si algo he hecho en estos dos últimos años, ha sido viajar, viajar y viajar. En ese primer año: Dubai y Omán, Líbano, India, Egipto, Jerusalem, Thailandia, Camboya y Vietnam. En cada lugar, me impresionó algo; de cada sitio me llevo un recuerdo especial. Los recuerdos son nuestro mejor escondite cuando necesitamos escaparnos de la realidad, evadirnos y soñar... yo estoy haciendo un gran biblioteca de recuerdos y me encanta seguir soñando... 


*No todo han sido viajes, alegría y placer.... en estos años de aventuras también he tenido momentos de miedo y bastante duros. Vivir la pérdida de alguien querido en la distancia es mucho más duro. Cuando nunca has tenido un problema de salud grave, ni has pisado un hospital -salvo para visitas- y de repente te despiertas de una operación con anestesia general y sólo oyes árabe a tu alrededor... "da miedito". Te das cuenta de que:

    -La salud es LO MÁS IMPORTANTE que tenemos. No hay nada que supere eso. Nada
    -Cuando personas que conoces desde hace sólo unos meses, se portan contigo como tu familia, comprendes el valor de la amistad y entiendes que TODOS necesitamos a gente que nos quiera y nos mime, cerca. 
    -“Lo que no te mata, te hace más y más fuerte”.
    -Echar de menos es normal y es bueno, pero con medida.
    -La familia SIEMPRE está ahí, aunque sea a kilómetros de distancia. Para todo. 


*A veces las noticias nos sorprenden y asustan y otras…. ¡nos encantan! Y, pasado mi año en Jordania y unos mesecitos en casa para "cargar pilas", mi nuevo destino tenía seis letras: M-E-X-I-C-O. Cambiando la Embajada por una empresa privada, el ir bastante tapada a no llevar calcetines en 11 meses y la cultura árabe por el ritmo latino... crucé el charco y México me trajo nuevos amigos, reencuentros con antiguas amistades, viajes (playas mexicanas, Perú, Panamá, Miami...), un auténtico hogar a kilómetros del mío y muchas muchas muchas inesperadas sorpresas : 



Es cierto que en estos tres años cada día era una sorpresa, ha ido habiendo muchas novedades, cambios, experiencias y gente nueva en mi vida. He ido conociendo personas que sé que estarán de ahora en adelante. Pero, si de una cosa me he dado cuenta -y me hace muy feliz y a la vez me tranquiliza- es que hay cosas que nunca cambian... 





"Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer e ella más del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto"

(Paulo Coelho)



martes, 3 de diciembre de 2013

31 horas de cumpleaños, privilegios de vivir en México


21 de noviembre. 17.01 horas en México, 00.01 horas en España. Mi cumpleaños ha comenzado.

En el Facebook salta una notificación, he sido etiquetada en una foto junto a cinco personas más... ¿qué será? Hecha ya (tras casi un año sería estúpido lo contrario) al horario mexicano, todavía no espero nada relacionado con mi cumpleaños… el que llevo esperando, como siempre, con ilusión desde hace ya unos cuantos días.



Mis amigas, de ese maravilloso piso en el que tantas historias vivimos juntas en Madrid, me han regalado un salto en parapente!! Éramos seis chicas, la calle de ese hogar en la capital se llamaba Flor Baja y ellas, por muy lejos que estemos unas de las otras, no podían faltar en esta fecha tan importante para mí. Lo sé, ya son 27 años y parece un poco tontería que me siga ilusionando tanto con un día, con una fecha… ese 22 de noviembre que tanto me encanta. Pero es así, es mi cumple y me encanta, no lo puedo evitar. 

Sigamos… acabo de recibir mi primer regalo y las felicitaciones (desde el otro lado del charco) comienzan a llegar. Soy una afortunada y mi cumpleaños, este año, va a durar 31 horas. Otra de las tantas ventajas de vivir en México ;-). No olvidemos que todavía es jueves 21 de noviembre… termino el trabajo, algunos recados, a casa y la noche ya ha caído. Una cenita muy normalita, los cuatro de la casa y con un “hasta mañana” casi creo que ese día se puede dar por terminado. Tirada en la cama viendo una serie y a punto de caer en un plácido sueño… ¡¡¡¡FELICIDADES!!!!

22 de noviembre.  00,01 horas –esta vez- en México. Héctor, Sara y ¡Marina! (¿de dónde sale a esas horas en casa?) irrumpen en la habitación con globos de colores, copas y una botella de champán! En pijama y con cara de susto, salto de la cama y comienzo a abrazar a todo el mundo. Unos trocitos de tarta en el salón y de repente… “Lucía, vístete que nos vamos”… “¿Qué nos vamos? ¿A dónde?” “No preguntes, vístete y nos vamos”. Empiezo a preguntar… me preocupo por la “etiqueta” del misterioso lugar al que vamos… “¿Pero me tengo que arreglar? Ya estoy desmaquillada y con cara de sobada…”. Da igual, es mi cumpleaños y estoy en México!!!



22 de noviembre. 00,35 horas. Marina y Javi me meten en un taxi y me tapan los ojos con un antifaz. “¿Tienes miedo a las alturas?”, “Habrás cogido tu pasaporte, ¿no?” WHAT¿?¿?¿ Cada vez ando más perdida… pero me encantan las sorpresas así que, allá vamos. En un primer momento se preocupan por si por los giros y el camino que toma el taxi me pueden indicar a dónde nos dirigimos… Pero ellos dos mismos se ríen y dan por hecho que –dado mi particular sentido de la orientación (con ojos al descubierto)- eso es TOTALMENTE IMPOSIBLE.




























22 de noviembre. 00,50 horas. Bajamos del taxi, comienzo a andar un poco desorientada y, por fin, me quitan el antifaz. ¡Estamos en la plaza de Garibaldi! Lugar por excelencia de mariachis y rancheras… “Las Mañanitas” –la canción que aquí suena en los cumpleaños- comienza a sonar y un grupo de mariachis me rodean. Tras esa ranchera, seguirán otras más. Oficialmente, “mis 27 años a la mexicana” han comenzado. No hay ranchera sin tequila, ni tequila sin otro que le acompañe. Así que con sangrita y unos limoncitos, varios tequilas calientan nuestras gargantas.



Soy una persona que, desde siempre, ha experimentado una especial satisfacción y disfrute en la “maquinación” (como yo siempre digo), preparación e ideación de todo tipo de sorpresas para la gente que más quiero. Pues ese día me tocaba a mí. Y he de decir que también me encanta recibirlas y ese día ¡llegaron una tras otra!

22 de noviembre. 07,30 horas. Amanezco de nuevo y una sonrisa se dibuja de lado a lado de mi rostro. En mi habitación encuentro un precioso ramo de flores. Javi me da el primero (perdón, segundo) de mis regalos. Un bolso que a día de hoy parece una extensión de mi cuerpo, ¡no me lo he quitado de encima! Pero las sorpresas siguen, me dirijo al baño y hay un ramo de rosas rojas y una notita pegada al espejo. La letra es de Sara, lo que ponía me lo reservo para  mí y el final de la nota era el inicio de un pequeño juego para terminar de abrir los ojos… “¿No querías regalos? Pues sigue las pistas”. Una de las pistas se me resistió más que el resto y sudé lo mío para encontrarla, pero finalmente mi lista de regalos seguía creciendo. 



22 de noviembre. 15,15 horas. Sí, es mi cumpleaños, todos muy felices... pero toca ir a trabajar. Soy una suertuda y los viernes salgo a las 3 de la tarde así que el día pasa volando. Nadie tiene mi misma suerte, así que los viernes, por norma general, suelo comer sola. Pero ese día no. Marina se encarga de que tenga la mejor de las compañías y una pizza de pera y queso -brutalmente buena- completa nuestra mesa. 



22 de noviembre. 18,30 horas. Comienza a llover a cántaros. ¿¡Pero la época de lluvias no terminaba en septiembre? ¿octubre? ¿principios de noviembre? No!! Hoy no puede llover… Por la noche he quedado con el resto de amigos en un antro para seguir de celebración. Ya he avisado a la gente de que se trata de una fiesta de sombreros y todos deben llevar algo en la cabeza. Me temo lo peor… Pero la lluvia para. “The show must go on…”

22 de noviembre. 21,20 horas. El taxi está pedido, todos arreglados para irnos de casa. “¿Lleváis todos vuestro sombrero?” Salgo de mi cuarto y veo que una cámara me graba… “Lucía, ven, siéntate aquí, que todavía no han terminado las sorpresas”. Os juro que no imaginaba lo que podía encontrarme. Sé de sobras que mi amiga Rocío también es de mi club de “nos encanta dar sorpresas”, además de ser socia VIP del equipo de “muero por montar un vídeo”… pero me pilló totalmente desprevenida. Comenzó la música y las canciones se fueron sucediendo, igual que el desfile de personas importantes en mi vida que fueron pasando por esa pantalla. 



Mis padres, mis abuelos, mi hermano y Ali, Olalla y Parada, Marta, Miren y Lucía, Cris y su mami!, Paquito, “la Roci”, Carmencita, Elena, Mary, Pemo, Tati, Nere, Carol, Aysha y Silvia, Elena Cuba (siempre irás ligada a esa isla ;-), Irene, Mire, Raquel e Irene, Martita, Héctor y Sara, Javi. Y a todos aquellos que sé que no pudisteis llegar a tiempo para el vídeo. GRACIAS GRACIAS GRACIAS. Me hicisteis sentir la persona más querida y afortunada del mundo. Reí, lloré, volví a reír y aluciné con veros a todos mirándome a los ojos. Teneros ahí fue el mejor regalo de todos. 

22 de noviembre. 21,40 horas. Nos subimos a ese taxi, cenamos algo rápido y nos dirigimos al garito. La gente fue llegando poco a poco y la noche se fue calentando. Los choques de sombreros y la barra libre de tequila (parecía que los vasos se reproducían entre ellos) también ayudaron. Bailes, risas, más regalos –de los que todavía tengo mucho que descubrir- y amigos. Así di por finalizado el cumpleaños con más horas de mi vida. Y mi primer (pero no último) cumpleaños en México. 



22 de noviembre termina. Mis 27 comienzan. Mi cumpleaños siempre ha sido un día especial para mí. Quizás es porque desde los 18 no los cumplo en casa y parece que estoy lejos de los míos. Pero, cada año que pasa y aunque parece que me voy alejando más y más, los siento todavía más cerca. 




       "No se trata de añadir años a la vida, sino de dar vida a los años"





viernes, 8 de noviembre de 2013

De retos y de muerte, dos palabras que nos espantan

Ha sido alrededor de un mes el que ha pasado sin actualizar. No quiero que me vuelva a pasar. Es cierto que ha sido un mes de muchos cambios, mucho trabajo, muchas incertidumbres y, por pereza, por querer hacer posts muy elaborados y completos, o por dejadez… así se ha dado el tema.

Me voy a proponer hacerlo más a menudo, aunque ello implique posts más cortos (¡seguro que muchos lo agradecen!) y con pensamientos más claros e ideas que, por lo que sea, lleguen a mi mente y quiera transmitir.

En este mes voy siendo consciente de que mi primera etapa en México casi llega a su fin. En teoría vine para un año pero muchas son las razones por las que... -y ya por fin lo puedo decir, alto y claro (acabo de comprar mi billete de vuelta!!!)- mi país de residencia, de momento, SIGUE SIENDO MÉXICO. Haré una breve paradita en Navidades en la Madre Patria. Ya toca, un año pasa rápido pero a la vez es mucho tiempo. Necesito ver a mi familia y mis amigos, pasar largas tardes sin prisas, sin agobios, simplemente con una copa o un café y una conversación interminable. Cargar las pilas a tope y volver a cruzar el charco.

Durante este mes he podido conocer el mercado de alquileres (aquí léase rentas) mexicano, y todo lo que éste conlleva: plantones repentinos de caseros que deciden no enseñarte su “depa”, armarios en los que no podría meter ni mi incipiente colección de sombreros, casas en las que el olor a perro es tan repulsivo que no quieres ni verla al completo. Pero todo eso ha sido necesario para que encontremos el depa de nuestros sueños, el que va a ser nuestro hogar durante el próximo año, con más compañeros mexicanos. No adelanto acontecimientos porque ese departamento merece un post sólo para él. Sólo diré que tiene la terraza-azotea más maravillosa que he visto jamás. Ya he soñado conmigo misma tomando el sol en una de sus tumbonas y leyendo un libro.



Además de la incansable búsqueda de piso (de la que, gracias a Héctor, me libré al llegar a México), este mes ha sido un mes de retos. Mes de miedos y de retos. 

Un proyecto -del que en teoría iba a encargarse mi jefe- por diversas circunstancias, me tocó cubrir a mí. No había hecho nada parecido antes y, mucho menos, sola. Si a eso le sumamos, que tenía que viajar a Tijuana, nada más y nada menos, la cosa se pone todavía más difícil. Cuando hablas con gente, les dices que te toca ir a Tijuana –“¿A Tijuana?, yo ahí no iría ni de broma”- ves que es una ciudad que está en la lista de la ciudades más peligrosas de México –“ah, no… del mundo”- de repente te dicen que no, que no es tan peligrosa, que ya la han sacado de la lista. ¿Me tranquiliza algo que haya salido de esa lista si en algún momento fue parte de ella?



A lo que voy, un miedo a lo desconocido, a salir de la dichosa “zona de confort” y una mezcla entre reto personal y profesional se presentó así por las buenas ante mí. Cuando no tienes experiencia en algo y no cuentas con el factor seguridad, ¿qué es lo mejor que se puede hacer? Preparación, preparación, preparación. Las semanas previas al viaje fueron de mucha documentación y llevar –aunque una vez in situ te das cuenta de que no se puede controlar todo- “todos los cabos bien atados”.

Llega la fecha y me toca subirme a ese avión, dejar mis miedos atrás y demostrar (a mí misma, sobre todo) de qué soy capaz. Tengo algunas dudas de que me dejen volar porque justo en el aeropuerto, al revisar todos mis papeles y documentación, me doy cuenta de que en mi billete de avión pone OLIETE en lugar de OLITE. Es una tontería pero he visto a gente tener bastantes problemas por ese tipo de errores o confusiones. Parece que nadie se percata y sigo mi camino… estoy sentada en mi asiento y un amable caballero me pregunta: “¿Le importaría ir a usted en primera señorita?”. ¿¿¿Cómorrr??? He debido entender mal la pregunta. Pues no, un señor quiere ir junto al que está sentado a mi lado y, mira tú por dónde, este señor tiene su asiento en esa zona inexpugnable, que todos miramos con recelo desde nuestros asientos corrientes y molientes. Así es, por primera vez en mi vida, ¡voy en primera clase! Fue un vuelo de tres horas y media –no es mucho- pero fue el vuelo más cómodo de toda mi existencia. 





Sin darme cuenta, estaba en Tijuana. Vinieron a recibirme con un cartelito con mi nombre y me dirigí a mi hotel, la que sería mi base de operaciones durante los próximos días.


En Tijuana son dos horas menos que en DF así que, entre madrugones, trabajo a contrarreloj  y cambio de horario, fueron unos días de locura. El primer día fue el peor. Miedo inicial, conocer la empresa, cómo desenvolverme... a todo eso le sumamos que la gente de la empresa esperaba –y en ocasiones fue una sensación manifiesta- a alguien con más experiencia y, sobre todo, con más edad. Pero no. Ahí estaba yo. Como me dijo una amiga esos días, “las mujeres jóvenes también tenemos derecho a aprender y a ganar experiencia”.


Al final todo fue bien, con el paso de los días fui ganando confianza, la empresa quedó satisfecha y las semanas posteriores han sido de trabajo procesando y revisando toda la información recabada y elaborando un informe que, personalmente, creo que ha quedado bastante bien. Con este reto he sido consciente de varias cosas: de que soy capaz, de que a veces se me olvida y de que el apoyo de la gente que tengo cerca es lo más valioso que se puede poseer. 


Además de retos, este mes he tenido muy presente la muerte. Sí, la muerte. En México el día 2 de noviembre y todo lo relacionado con la muerte se vive de una manera muy diferente a la que yo estaba acostumbrada. Ni mejor, ni peor, diferente. Pero en algunos aspectos, creo que podríamos mirar muy de cerca algunas de sus ideas o sentimientos. La vida se acaba, las personas –muy a nuestro pesar- se apagan y tenemos que aprender a vivir con ello.

En México, la muerte es parte de la vida, conviven con ella y no la temen. El mexicano vive la muerte de un modo dual: esa parte de duelo con todas sus manifestaciones afectivas y psicológicas, pero también a modo de rito y celebración. El Día de Muertos es un día festivo aquí, es un reencuentro, un homenaje a los que no están, a los que evocan de muchas maneras: con una foto, una calavera de azúcar, curiosos altares en cualquier lugar de la ciudad o decorando la tumba de un familiar con flores de vivos colores y acompañándole en la noche.

Las calaveras siempre han simbolizado para mí la muerte, como algo negativo, a lo que temer, de lo que huir. Desde que llegué a México y vi como todos los rincones están inundados de todo tipo de calaveras de colores, con flores e increíbles dibujos; la calavera es un motivo de decoración, de alegría y de recuerdo. Siempre desde el mayor de los respetos, los mexicanos ironizan, juegan, se hermanan con la muerte. Me ha dado mucho que pensar... 


Vivimos el día 2 de noviembre en Mixquic, una pequeña localidad a unos 50 kilómetros del DF. Todo era celebración, color, música y festividad. Pero, al mismo tiempo, al visitar el cementerio y ver cómo todas las familias –con un increíble mimo y profundo respeto- iban plagando todas y cada una de las tumbas con flores de colores- un indescriptible sentimiento de paz parecía inundar a los visitantes.

Al caer la noche, nos acercamos de nuevo al cementerio para poder disfrutar del magnífico retrato del lugar. Todas las tumbas repletas de flores, estaban acompañadas de millones de velas. Familiares de todas las edades -desde bebés en brazos de sus padres, hasta las señoras más mayores sentadas en sillas de camping- hacían del cementerio un lugar familiar y acogedor. Aquel lugar que siempre he evitado, por miedo, por respeto o por o inquietud, en ese momento me pareció un lugar mágico. 



No evitemos enfrentarnos a los retos, ni huyamos de la muerte. Ambos están en nuestra vida. Inevitablemente.





martes, 10 de septiembre de 2013

Familia Jiménez-Olite: reencuentro con México de testigo

No quiero comenzar ya con aires de  Vito Corleone, pero debo aquí parafrasearle diciendo que “lo más importante es la familia”. Y de eso voy a hablar en este post: de mi familia. Desde hace bastantes años no vivimos los cuatro bajo el mismo techo y lo de coincidir todos en tiempo y espacio se va haciendo cada vez más difícil. Pero el milagro sucedió y durante 3 días, hubo reencuentro Jiménez-Olite en el mejor escenario posible: México.

Mi hermano y Ali comenzaban sus vacaciones aquí, luego seguirían su periplo latinoamericano para unir sus caminos finalmente en Guatemala con los patriarcas de la familia. De nuevo iban a repetir la increíble experiencia en la Antigua, ciudad empedrada y custodiada por tres imponentes volcanes. Puedo recordar como si fuera ayer aquel primer día hace ya cuatro años en el que entré en la sala Belén en el hospital Las Obras del Hermano Pedro. Desde hacía unos cuantos años no pasábamos el verano en familia y ese año fue por un motivo especial. Fuimos con una ONG a colaborar con la admirable labor que realiza esa institución que ayuda a la gente más desfavorecida y –siempre- la más olvidada. Pero creo que esto da para otro post… (me lo apunto). De momento os dejo un adelanto de lo que fueron esos días… 


Allá donde he ido, mi hermano hace las maletas y se viene a verme. Siempre. En las dos últimas aventuras (Jordania y México), ha tenido compañera de viaje de excepción: Ali. Ya es una más de la familia y a mí me encanta.

Esperándoles en el aeropuerto yo me empiezo a impacientar, ¿por qué no saldrán? ¿qué habrá pasado?.... De repente –tras las puertas que se abren y cierran continuamente y donde la gente va saliendo con sus maletas- me parece verles con unos policías… abren sus mochilas, comienzan a sacar ropa, bolsas, Néstor gesticula, percibo su “genio Jiménez” desde mi estratégica posición… No puede ser verdad, ¡les han quitado todo el embutido que traían!

NÉSTOR: Buji, sólo quiero comer tacos. Tacos todos los días. Como en Jordania (allí fue la misma historia con el hummus). ¿Me llevarás a comer tacos?
LUCÍA: Sí, Néstor sí. Iremos a por tacos. ¡Todos los que quieras!

Para olvidar el disgusto del embutido, no hay otra opción: es la hora de los tacos. Primera noche, estreno de tacos y de camisa. Manchurrón en toda regla. La temporada de tacos quedaba inaugurada. Tacos, chelas, mezcal y un tequila “de bandera”.


Al día siguiente, una buena sesión de tianguis y luego al centro. Ali queda limpia de todos los malos –si es que los tenía- espíritus. Poco a poco vamos planeando su pequeña escapada. Tenemos a un guía de excepción (Héctor) y la ruta ya está decidida: Querétaro, San Miguel de Allende y Guanajuato. Tenía que buscarles algo que hacer a los visitantes en mi ausencia… aquí comenzaba mi propia escapada particular, Miami me esperaba. 



Los planes no podían haber salido mejor. Ellos encantados y yo a un paso más de mí adorada tarjetita. Llegué a casa, repartí regalitos, deshice la maleta y la hice de nuevo con ropa limpia. Ahora sí, por fin me iba a subir a ese avión –que unos meses antes no llegué a pisar- rumbo a Cancún.

Allí nos esperaban playas que hacían honor a su nombre de Paraíso, paseos al más puro estilo Salou en Playa del Carmen, cócteles que parecían batidos de colacao, impresionantes ruinas que, de nuevo, me trajeron recuerdos guatemaltecos. Me impactaron especialmente las ruinas de Cobá, en las que se podían observar los campos donde los mayas disputaban torneos del famoso Juego de la Pelota. Un juego sagrado que representaba el origen del universo y con el que pretendían invocar al Dios del Sol. La finalidad era conseguir que una pelota de caucho atravesara el delgado y estrecho anillo de piedra. Pelota a la que sólo podían golpear con los codos, hombros y caderas. Mirando las enormes construcciones de piedra ante nosotros, imaginabas a esos hombres emulando volar y parecía que te transportabas por unos segundos a esa época. 


Tras una pequeña odisea para conseguir taxi y volver a casa, allí estábamos. Y por fin se iba a producir el milagro: mis padres habían llegado hacía dos días y nos esperaban en casa. Cena de burritos gracias al chef de la casa, abrazos, besos, risas, regalos para todos y por fin –rompiendo la maldición del viajero- habían podido cruzar las famosas puertas con el embutido en su poder.

Los cuatro turistas hicieron lo propio (museos, bus turístico, Teotihuacán, mi padre cumplió su ansiado sueño de manejar una trajinera en Xochimilco…) y yo por las tardes me unía a ellos. El primer día llevé a todos – pero especialmente a Néstor- al barrio de la Roma y concretamente a la calle Colima. Universo del moderneo. Tiendas de segunda mano que esconden una peluquería en su trastienda, tiendas de bicis, tiendas de skate. Esa calle estaba hecha para él.

Otra de las tardes nos dirigimos al circo mexicano por excelencia: la lucha libre. Un amigo mexicano había hablado mucho de ese acontecimiento a mi padre, aunque parece ser que le decepcionó un poco. Mi madre estaba con una cara de estupefacción que se le fue pasando poco a poco… pero la que parecía estar encantada y absorta en el espectáculo, del que no podía retirar la mirada como si hipnotizada estuviera, era Ali. La repulsión con la que comenzó a observar a los luchadores se convirtió poco a poco ¡en pura admiración! 



Un día tocaba cenita especial para celebrar el reencuentro por todo lo alto. El restaurante Bellinis fue el elegido. Es el restaurante giratorio más grande del mundo, situado en el piso 45 del World Trade Center. Prometía mucho, pero terminó desencantando un poco. Es cierto que la vista es impresionante, y que el  suelo sobre el que estás, se vaya moviendo mientras cenas, resulta bastante curioso.  Un hombre al piano termina de componer la curiosa pintura. Pero la comida no fue tan exquisita como cabía esperar y el aire acondicionado casi hace que terminemos la cena congelados (en la foto se puede observar como mi padre –ni corto ni perezoso- decidió completar su outfit con un maravilloso chubasquero VERDE PISTACHO!, perfecto contra las bajas temperaturas).





Las cenas no parecían estar de nuestro lado en este viaje. En un intento por cenar todos (mi familia española y mi familia mexicana) a modo de despedida y agradecimiento… fuimos a dar con el restaurante ROMITA. A veces el esfuerzo por querer elegir un sitio especial para una ocasión especial hace que termines en la peor de las opciones. Aquí iría una foto de todos los comensales sonriendo y brindando con una chelita, pero el hecho de que estuviéramos cenando a la luz de dos velas y que la cena en general fuera un poquito cuadro; hace imposible esa instantánea. ((Sí, pensaréis… todos los móviles hoy en día tienen flash… Así es, pero 1) gastamos nuestras baterías utilizando la aplicación de linterna para poder leer el menú y 2) no estaba el horno para bollos)) ;-)



Néstor y Ali abandonaron territorio mexicano y siguieron tu viaje. Mis padres se fueron convirtiendo poco a poco en expertos del DF. Metro, metrobús, taxis de todos los colores… ningún medio de transporte se les resistía y conocieron rincones defeños de los que ni había oído hablar. Hubo playa con los jóvenes y también tocaba playa con los mayores (jóvenes de espíritu, sin ofensas). Pero ahora el destino era otro: Puerto Escondido y allí Mazunte. Siguiendo la recomendación de Héctor y Sara, allá que nos fuimos. Paseos por la playa, chelas, camarones y más camarones, una cabañita de hogar durante tres días, lecturas interminables, siestas eternas… Todo fue calma y relajación. Todo menos un detalle: ¡las olas del Pacífico! El mar es tan bravo que no te atreves casi a acercarte. Mi padre fue el más valiente y en uno de esos momentos, le pilló desprevenido y las olas le arrancaron sus adoradas gafas de sol de cuajo.

PAPÁ: Voy a darme un paseo por la orilla, igual cambia la marea y vuelven a salir hacia afuera… ¿?¿?¿?¿?
MAMÁ: No, no creo que salgan. No ves que como se te cayeron estando puestas y con las patillas abiertas, estarán clavadas en la arena, por eso no salen… ¿?¿?¿?¿
LUCÍA: (Como no se me ocurre nada que decir que pueda superar a lo anterior, decido seguir andando en silencio por la orilla)… jijij 



Volvimos con las pilas cargadas y con una semana por delante. Hubo tiempo para todo, más paseos, desayunos por sorpresa en el hotel antes de ir a la oficina, mimos tirada en un sofá con mi madre, risas con mi padre recordando viajes de otros años. También hubo tiempo para las compras, para un afeitado de última hora  y para muchas y largas conversaciones. Es cierto que no pasan dos días sin que hable por Skype, Whatsapp o mail con ellos, pero las tertulias cara a cara siempre han sido mi fuerte. 


Parecía que nunca iba a llegar, pero llegó el último día y, con él, las temidas despedidas… Pero no hay que estar triste… en Navidades habrá de nuevo REENCUENTRO, tarde o temprano, siempre lo hay. 



"Uno no vive fuera para descubrir a los demás, sino para descubrirse a sí mismo"




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...