martes, 19 de febrero de 2013

Hay cosas que cambian... otras nunca cambiarán


Los cambios dan miedo, provocan incertidumbre y hacen titubear cuando estás a punto de vivirlos. Algunos los vemos venir y podemos prepararnos para afrontarlos. Algunos suceden de repente, porque sí, o porque no, o vete tú a saber por qué. Pero suceden. Las cosas cambian y nosotros cambiamos.

Hay cosas que cambian… de las carreras en taxi por Amman, a los paseos por las calles llenas de baches de México (tropezón va, tropezón viene: eso no cambia). De vivir con dos chicas, a vivir con dos chicos. De estar en febrero con abrigo, bufanda, guantes, botas y siendo una extensión de la botella de gas que calentaba mi habitación; a las manoletinas sin calcetines, pantalones remangados, la camisa y… (ya, no hay nada más, ni abrigo, ni bufanda ni nada).

Hay cosas que no… el 14 de febrero –como todos los años- llega. Aquí se nota que tienen muy cerca el “gigante americano” y toda costumbre comercial y gringa por excelencia, parece que se eleva a la enésima potencia. Los corazones (en forma de bombón, globo, tarjeta, servilleta y todo lo imaginable) inundan las calles, el gimnasio, los bares o restaurantes. La ciudad se viste de rojo y destila amor por todas las esquinas…Y mientras tanto… “que si eso es un invento de los centros comerciales, que si los detalles gustan más cualquier otro día del año, que eso es una tontada…”. Sí, ¿pero a quién no le gusta un detallito? Entre globos, reflexiones, un café para comenzar el día, un “juguito” a mitad de mañana y la saturación de felicidad “parejil” por las calles… llego a casa y ¡me encuentro ésto :-) ! “Qué fácil es hacer feliz a la niña”



Llegó el fin de semana y tocaba una buena cena para celebrarlo. He cambiado el Hummus, Falafel y Tabule del Hashem por un filete de res con salsa de mostaza de Dijon en la "Cantina Los Remedios". Cambio el té al finalizar la cena por un tequila (cortesía de la casa). Aquí hay distintas formas de tomar el tequila, conocemos una más: “la bandera”.

Este tequila tiene nombre, “Don Julio” (y qué rico está el tal Julio). Del nombre nacen tres vasos. De cada vaso, un color. Limón (aquí a la lima le llaman limón y al limón, lima. VIVA MÉXICO) amarillo, tequila blanco y sangrita roja. Un nombre, tres colores, una bandera y una pasión.





Tenemos ganas de baile y no sabemos dónde ir… parece que no hay mucho plan pero es cruzar el umbral de la puerta y suena el teléfono. Tenemos plan. Nos vamos a Joy. A vestirse de señorita y subirse a unos tacones. El antro está dentro de un centro comercial en el barrio de Polanco. El ambiente es elitista, la gente en la puerta “rogando” para entrar, algunos levantan la mano para ser “escogidos” por los porteros (¿hemos vuelto al colegio?). Finalmente entramos, música, bailes, lo pasamos bien, aunque no termina de convencerme.

Se percibe al instante qué tipo de gente entra y cuál no. Está bien conocer todo tipo de sitios, unos van más y otros menos conmigo. Pero hay que conocerlo todo. Los chicos pagan “cover”, las chicas no. Algo me choca y resulta curioso: la gente deja sus paquetes de tabaco (aunque sea con un único cigarro) en el ropero. No se puede fumar dentro del local, hasta el punto de no poder entrar “portando la tentación”. Resulta bastante gracioso ver a la gente pelearse por si “este era mi paquete, este no, yo tenía un cigarrillo más”. 




El sábado nos tocó –por fin, ya tenía ganas después de haber oído tantas historias sobre el lugar- Xochimilco. El plan era ir después de comer pero los “horarios mexicanos”, el “llego ahorita”, “ahorita estoy”, fue retrasando nuestros planes. A esto hubo que sumar un típico atasco “defeño”, que puede conseguir que dos horas en un coche te vuelvan loco de atar. Pero, nuevas canciones que no paras de escuchar y ya forman parte de tu repertorio favorito (“Yo no sé mañana”), historias y risas sobre el “Niñopan” (“el niño peregrino de los barrios de Xochimilco) y algunas imágenes de lo más peculiares, hacen la espera de lo más entretenida.



Visitamos un barrio con un toque folclórico, tradicional y un “algo” muy, muy especial. Xochimilco es un vocablo náhuatl que significa “en la tierra sembrada de flores”. Formado por chinampas, porciones de tierra colocadas sobre raíces para la siembra de legumbres y flores, entre las que dejaban canales de agua para poder transportar los alimentos en canoas. Los canales –repletos de trajineras- son el testimonio actual de esta antigua técnica agrícola que compartían varios pueblos del valle de México. Tras la desecación de los lagos que recorrían la ciudad, sólo Xochimilco y Tláhuan conservan la “chinampería” hoy en día.


La visita a Xochimilco supone todo un ritual de preparación y aprovisionamiento, que seguimos religiosamente, guiados por nuestros amigos mexicanos. Compramos “chelas” y todo lo necesario para “tomar”: hielos, vasos, ron, refrescos y limas, que nunca falten las limas. “Rentamos” la trajinera Ana Luisa (con remero incluido), rentamos la “bocina” para escuchar la música. “Rentamos” las velas para poder vernos las caras (¡ah! Sí… el “después de comer” se convirtió en la noche). Algunos tienen mucho frío y recurren a una manta/poncho para resguardarse. Con música, bailes, trajineras van, trajineras vienen, bachata, salsa, rancheras, risas, bailes, música y más bailes: Xochimilco se convierte en otro de mis lugares favoritos en DF. 




Llegó la noche pero nuestro día aun no había terminado. Tras nuestro paseo en trajinera, nos dirigimos a la Pulquería Insurgentes, un antro muy cerquita de casa en la zona de La Roma (barrio por explorar y que promete mucho y muy bueno). Probamos el “pulque”, “la bebida de los dioses”, una bebida que se fabrica a partir de la fermentación del jugo o aguamiel del agave o maguey (tipos de mezcal, algo parecido al tequila), cultivado en el Estado de Hidalgo. Se trata de un licor con historia, una bebida ritual para los mexicas y otros pueblos mesoamericanos. Era el trago que se ofrecía en las bodas, el que se les daba a los guerreros vencidos que iban a ser sacrificados y aquel que se reservaba para importantes ceremonias religiosas.

Como hay que probar de todo, hicimos lo propio… pero no me gustó demasiado. Es como si estuvieras bebiendo algo y pensaras que necesitas cuchillo y tenedor. Muy espeso, viscoso y “raro” al paladar. El pulque no triunfó demasiado pero el “antro” me encantó, tenía tres plantas y en la azotea una terraza de lo más especial, buena música y muy buen ambiente. Lo apunto en mi lista para no tardar en volver.


Como veis, hay muchas novedades, muchas cosas que cambian y seguirán cambiando… pero otras nunca cambiarán… (jijiji):




“Si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue”




8 comentarios:

  1. Guapísima!!! me encantan tus historietas y aventuras varias!!! ya veo que te has hecho a Mexico al instante!! cómo me alegro!!! sigue informándonos de todo lo que te pasa por esas tierras!! muchos muaaaaaaaas! Nerea!

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  2. Y cada post...sigue sorprendiendo y nos hace sentirte muy cerca...y hasta casi diría que he andado por Xochimilco (aunque sea sólo en mi mente)...BTW, espero que haya cosas que nunca cambien, como bien dice tu título...Martita Ita Ita!:)

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  3. Que ganas tengo de ir a Xochimilco!!!
    Yo esperaba mas fotos bonitas de ese lugar. Has empezado diciendo que era un barrio con muchas flores y la foto quemas destaca es la del camión de la basura con sus dos operarios.
    Quiero mas fotos de ese sitio y donde se vean las trajineras en los canales.
    Joseant

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  4. Antonio!!! qué era de noche y salieron casi todas las fotos super oscuras... la próxima vez iré de día y te mandaré muuuuuchas fotitos. Y cuándo vengas tú, iremos también :)

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  5. Cada vez que leo el blog tengo mas ganas de ir a México!!!!me encantan tus historias!!luciiii muchos besitosss

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  6. Lo que no has contado es que las limas ¡¡¡ si que faltaron !!! Un gran post pepi!!

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  7. Jose Antonio las fotos las tomaremos nosotros insitu, no te preocupes.
    Me encanta lo que escribes.
    Besos para todos.
    Hijo y hermano.

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