Los
cambios dan miedo, provocan incertidumbre y hacen titubear cuando estás a punto
de vivirlos. Algunos los vemos venir y podemos prepararnos para afrontarlos.
Algunos suceden de repente, porque sí, o porque no, o vete tú a saber por qué.
Pero suceden. Las cosas cambian y nosotros cambiamos.
Hay cosas que cambian… de las carreras en taxi
por Amman, a los paseos por las calles llenas de baches de México (tropezón va,
tropezón viene: eso no cambia). De vivir con dos chicas, a vivir con dos
chicos. De estar en febrero con abrigo, bufanda, guantes, botas y siendo una
extensión de la botella de gas que calentaba mi habitación; a las manoletinas
sin calcetines, pantalones remangados, la camisa y… (ya, no hay nada más, ni
abrigo, ni bufanda ni nada).
Hay
cosas que no… el 14 de febrero –como todos los años- llega. Aquí se nota que
tienen muy cerca el “gigante americano” y toda costumbre comercial y gringa por
excelencia, parece que se eleva a la enésima potencia. Los corazones (en forma
de bombón, globo, tarjeta, servilleta y todo lo imaginable) inundan las calles,
el gimnasio, los bares o restaurantes. La ciudad se viste de rojo y destila amor
por todas las esquinas…Y mientras tanto… “que si eso es un invento de los
centros comerciales, que si los detalles gustan más cualquier otro día del año,
que eso es una tontada…”. Sí, ¿pero a quién no le gusta un detallito? Entre
globos, reflexiones, un café para comenzar el día, un “juguito” a mitad de
mañana y la saturación de felicidad “parejil” por las calles… llego a casa y ¡me
encuentro ésto :-) ! “Qué
fácil es hacer feliz a la niña”
Llegó
el fin de semana y tocaba una buena cena para celebrarlo. He cambiado el
Hummus, Falafel y Tabule del Hashem por un
filete de res con salsa de mostaza de Dijon en la "Cantina Los Remedios". Cambio el té al finalizar
la cena por un tequila (cortesía de la casa). Aquí hay distintas formas de
tomar el tequila, conocemos una más: “la bandera”.
Este tequila tiene nombre, “Don Julio” (y qué rico está el tal Julio). Del
nombre nacen tres vasos. De cada vaso, un color. Limón (aquí a la lima le llaman limón y al
limón, lima. VIVA MÉXICO) amarillo, tequila blanco y sangrita roja. Un nombre,
tres colores, una bandera y una pasión.
Tenemos ganas de baile y no sabemos dónde ir…
parece que no hay mucho plan pero es cruzar el umbral de la puerta y suena el
teléfono. Tenemos plan. Nos vamos a Joy. A vestirse de señorita y subirse a
unos tacones. El antro está dentro de un centro comercial en el barrio de
Polanco. El ambiente es elitista, la gente en la puerta “rogando” para entrar,
algunos levantan la mano para ser “escogidos” por los porteros (¿hemos vuelto
al colegio?). Finalmente entramos, música, bailes, lo pasamos bien, aunque no
termina de convencerme.
Se percibe al instante qué tipo de gente entra y cuál no. Está bien conocer todo tipo de sitios, unos van más y otros menos conmigo. Pero hay que conocerlo todo. Los chicos pagan “cover”, las chicas no. Algo me choca y resulta curioso: la gente deja sus paquetes de tabaco (aunque sea con un único cigarro) en el ropero. No se puede fumar dentro del local, hasta el punto de no poder entrar “portando la tentación”. Resulta bastante gracioso ver a la gente pelearse por si “este era mi paquete, este no, yo tenía un cigarrillo más”.
El sábado nos tocó –por fin, ya tenía ganas
después de haber oído tantas historias sobre el lugar- Xochimilco. El plan era ir después
de comer pero los “horarios mexicanos”, el “llego ahorita”, “ahorita estoy”,
fue retrasando nuestros planes. A esto hubo que sumar un típico atasco “defeño”,
que puede conseguir que dos horas en un coche te vuelvan loco de atar. Pero,
nuevas canciones que no paras de escuchar y ya forman parte de tu repertorio
favorito (“Yo no sé mañana”), historias y risas sobre el “Niñopan” (“el niño peregrino de
los barrios de Xochimilco) y algunas imágenes de lo más peculiares, hacen la espera de lo más entretenida.
Visitamos un barrio con un toque folclórico, tradicional y un
“algo” muy, muy especial. Xochimilco
es un vocablo náhuatl que significa “en la tierra sembrada de flores”. Formado por chinampas, porciones de tierra colocadas sobre
raíces para la siembra de legumbres y flores, entre las que dejaban canales de
agua para poder transportar los alimentos en canoas. Los canales –repletos de
trajineras- son el testimonio actual de esta antigua técnica agrícola que
compartían varios pueblos del valle de México. Tras la desecación de los lagos
que recorrían la ciudad, sólo Xochimilco y Tláhuan conservan la “chinampería”
hoy en día.
La visita a Xochimilco supone todo un ritual de preparación y
aprovisionamiento, que seguimos religiosamente, guiados por nuestros amigos mexicanos. Compramos “chelas” y todo lo necesario para “tomar”: hielos,
vasos, ron, refrescos y limas, que nunca falten las limas. “Rentamos” la
trajinera Ana Luisa (con remero incluido), rentamos la “bocina” para escuchar la música. “Rentamos”
las velas para poder vernos las caras (¡ah! Sí… el “después de comer” se convirtió en la noche). Algunos tienen mucho frío y recurren a una manta/poncho para
resguardarse. Con música, bailes, trajineras van, trajineras vienen, bachata,
salsa, rancheras, risas, bailes, música y más bailes: Xochimilco se convierte
en otro de mis lugares favoritos en DF.
Llegó la noche pero nuestro día aun no había terminado.
Tras nuestro paseo en trajinera, nos dirigimos a la Pulquería Insurgentes, un antro muy cerquita de casa en la zona de
La Roma (barrio por explorar y que promete mucho y muy bueno). Probamos el “pulque”,
“la bebida de los dioses”, una bebida que se fabrica a partir de la
fermentación del jugo o aguamiel del agave o maguey (tipos de mezcal, algo parecido al tequila), cultivado en el
Estado de Hidalgo. Se trata de un licor con historia, una bebida ritual para
los mexicas y otros pueblos mesoamericanos. Era el trago que se ofrecía en las
bodas, el que se les daba a los guerreros vencidos que iban a ser sacrificados
y aquel que se reservaba para importantes ceremonias religiosas.
Como hay que probar de todo, hicimos lo propio…
pero no me gustó demasiado. Es como si estuvieras bebiendo algo y pensaras que
necesitas cuchillo y tenedor. Muy espeso, viscoso y “raro” al paladar. El
pulque no triunfó demasiado pero el “antro” me encantó, tenía tres plantas y en
la azotea una terraza de lo más especial, buena música y muy buen ambiente. Lo
apunto en mi lista para no tardar en volver.
Como veis, hay muchas novedades, muchas cosas que
cambian y seguirán cambiando… pero otras nunca cambiarán… (jijiji):
“Si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás
cuando llegue”






Guapísima!!! me encantan tus historietas y aventuras varias!!! ya veo que te has hecho a Mexico al instante!! cómo me alegro!!! sigue informándonos de todo lo que te pasa por esas tierras!! muchos muaaaaaaaas! Nerea!
ResponderEliminarY cada post...sigue sorprendiendo y nos hace sentirte muy cerca...y hasta casi diría que he andado por Xochimilco (aunque sea sólo en mi mente)...BTW, espero que haya cosas que nunca cambien, como bien dice tu título...Martita Ita Ita!:)
ResponderEliminarQue ganas tengo de ir a Xochimilco!!!
ResponderEliminarYo esperaba mas fotos bonitas de ese lugar. Has empezado diciendo que era un barrio con muchas flores y la foto quemas destaca es la del camión de la basura con sus dos operarios.
Quiero mas fotos de ese sitio y donde se vean las trajineras en los canales.
Joseant
Antonio!!! qué era de noche y salieron casi todas las fotos super oscuras... la próxima vez iré de día y te mandaré muuuuuchas fotitos. Y cuándo vengas tú, iremos también :)
ResponderEliminarCada vez que leo el blog tengo mas ganas de ir a México!!!!me encantan tus historias!!luciiii muchos besitosss
ResponderEliminarLo que no has contado es que las limas ¡¡¡ si que faltaron !!! Un gran post pepi!!
ResponderEliminarJose Antonio las fotos las tomaremos nosotros insitu, no te preocupes.
ResponderEliminarMe encanta lo que escribes.
Besos para todos.
Hijo y hermano.
Quiero tequila y pulque!
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